Un buen dojo no es un lugar cómodo, por Peter Boylan (I)

Cómo nos reta la práctica marcial en cada entrenamiento

artes marciales espejo La práctica marcial puede ser el espejo dónde mirarse a uno mismo.

En Aikido en Línea nos gusta mucho el blog de Peter Boylan, del cuál ya hemos traducido varios artículos previamente. Un artista marcial de largo recorrido, y con la cabeza muy bien amueblada. A continuación os traemos traducido otro artículo de su blog, cuyo original podéis encontrar en la entrada A Good Dojo Isn’t a Comfortable Place.

En él Boylan se adentra en un tema que suele pasarse por delante a menudo: el como la práctica marcial supone, basicamente, una aventura hacia nosotros mismos, a través de cada arte. No se trata sólo de dar puñetazos, patadas, o aplicar técnicas de inmovilización. Se trata también de verse a uno mismo en el espejo de la propia práctica.

Sobre Peter Boylan
peter boylanPeter Boylan inicia su camino marcial en 1986 cuando empezó a practicar Kodokan Judo en la universidad y ha estado estudiando Budo desde entonces. En 1990 se muda a Japón, donde continua estudiando Judo a la vez que comienza el entrenamiento en Muso Jikiden Eishin Ryu, Shinto Muso Ryu y Shinto Hatakage Ryu. Actualmente se encuentra centrado en el estudio de Shinto Hatakage Ryu y en el mantenimiento de su blog, The Budo Bum. En 1999 fija su residencia en los EE.UU. aunque todavía realiza frecuentes viajes a Japón para profundizar en el estudio del Budo.

Un bueno Dojo no es un lugar confortable.

La práctica del sábado fue muy buena, pero en absoluto lo que había planeado. Empezamos a trabajar de acuerdo con el plan, trabajando en kihon jodo. Hacia la mitad, sin embargo, entramos en territorio peligroso. Empezamos a trabajar algunos de los principios básicos. Uno de los estudiantes más recientes en el dojo tiene antecedentes en Aikido y kenpo, e hizo algunas buenas preguntas relacionadas con Ma’ai, la intención y el origen. Las respuestas fueron claramente diferentes a las que él había esperado, y casi podía ver el vapor que salía de sus oídos mientras trabajaba para procesar las nuevas ideas. Se encontró teniendo que revisar su comprensión de cosas que pensaba que entendía. Un buen dojo es un lugar peligroso para las ideas preconcebidas y largamente mantenidas. Puede ser francamente brutal con conceptos que no están construidos sobre bases sólidas. Un buen dojo puede hacer que te preguntes quién y qué eres. Un buen dojo no se limita a enseñar técnicas de lucha. Un buen dojo te hace verte a ti mismo y ayudarle a desprenderte del autoengaño y la simple y mala comprensión de las cosas.

De una manera muy contundente mi estudiante está descubriendo que lo que él pensaba que sabía sobre el alcance efectivo de las armas y dónde estar seguro ante ellas no era muy preciso. El sólido método mediante el cuál lo está descubriendo consiste en estar en el lado equivocado de un pedazo de madera, presionando en su intestino, o deteniéndose justo antes de que le golpee en la cabeza.

Hay un montón de maneras en que el dojo puede ser incómodo que son físicamente menos sólidas que un palo en el intestino, pero no son menos reales. Todos tenemos áreas en las que somos ni mucho menos perfectos, y la formación en un buen dojo traerá todo esto a flote. Budo es por encima de todo hacer frente a los conflictos. Lo que nadie me dijo cuando empecé era que algunos de los conflictos más difíciles serían conmigo mismo.

Todo el mundo comienza en el Budo con una variedad de objetivos: para aprender a luchar, para dejar de ser intimidados por personas agresivas, para aprender acerca de los samurai, para obtener un sentimiento de poder personal, o para aprender a defenderse físicamente uno mismo. Esas son algunas de las razones que he escuchado dadas por personas que se inician las artes marciales. Todos ellos son buenos motivos para iniciar el viaje. Pero el viaje implica tratar con muchas partes de nosotros mismos que nunca tuvimos la intención de manejar, y lugares en nuestras mentes que nunca pensamos que tendríamos que transitar.

Muchas personas que comienzan en el Budo no se sienten cómodas con el hecho golpear a la gente o hacer cualquier cosa que piensan que podría lastimar a alguien, o que pueda ser agresivo. Este es un problema para las personas que quieren aprender a defenderse. Y suele ser evidente para la gente antes de entrar por la puerta del dojo, por lo que es algo que ya están dispuestos a enfrentar. El entrenamiento de cada día les trae cara a cara con este problema. Más importante aún, les pone en contacto con un sempai o un maestro que les está diciendo “golpeame” o “proyéctame” o alguna otra versión de un ataque, aunque todos hemos crecido sabiendo que la buena gente no golpea a otras personas .

Cuando un principiante en el dojo dice “Yo no quiero hacerte daño” está admitiendo a varias cosas. En primer lugar, que piensa que pueden lastimar a la gente. En segundo lugar, que no confia en sí mismo a la hora de demostrar el  suficiente control para no lastimar a alguien, y en tercer lugar, que de alguna manera no cree que el profesor puede manejar lo que está haciendo. Estas tres son las cosas que hacen que la mayoría de la gente se sienta incómoda.

La sociedad no aprueba el hecho de herir personas, y nosotros internalizamos esta regla a medida que crecemos. El llegar a un dojo es incómodo desde el primer paso, porque el estudio del Budo implica aprender a lastimar a la gente, y todo en nuestra cultura dice que es “malo”. Así que el primer malestar mental que tenemos que superar es la idea de que el saber pelea no es algo que la gente “buena” sepa hacer. Me doy cuenta de que estoy predicando a conversos, porque sospecho que todos los que leen esto ya entrenan en artes marciales. Piensa en ello, sin embargo, fuera del dojo, la gente tiene miedo y se sienten intimidados por las habilidades de combate, incluso si la gente en la oficina nunca ve hacerte nada nada más agresivo que triturar documentos viejos. Esto es sólo lo primero a lo que la gente tiene que acostumbrarse.

En Judo y Aikido, el siguiente miedo que la gente tiene que superar es el miedo a caer. Pasamos la mitad de nuestro tiempo recibiendo la técnica de nuestros compañeros,  y la otra mitad practicándola, lo que significa una gran cantidad de caídas. La caída es algo que aprendemos a evitar siendo niños, porque duele y es vergonzoso. Puede llevar un tiempo el sentirse cómodos al caer. Es contrario a lo que la gente está acostumbrada a hacer, pero me encanta ejecutar caídas para otras personas. Puedo sentir su técnica, cómo se mueven y preparan una proyección, y cómo hacen o no se hacen cargo de su compañero de práctica. Francamente, yo también creo que es genial que alguien me pueda lanzar al suelo con tanta fuerza como para romperme huesos, y poder rebotar hacia arriba y decir “¡Eso fue genial! ¡Hazlo otra vez!”. Una vez que superas el miedo a hacerte daño, caer es divertido.

Una molestia aún más importante para muchas personas es que tienen miedo a lastimar a la otra persona. No confían en sí mismos, y muchas personas no se sienten cómodas teniendo poder físico. Podemos dejar pasar el hecho de que los principiantes en el dojo realmente no tienen muchas de las habilidades que les harían una amenaza para los estudiantes que han estado practicando durante más tiempo. Los nuevos estudiantes tienen que superar la sensación de que tener el conocimiento de cómo hacer daño a las personas, y mucho más ser realmente hábiles en ello, es algo malo.

A esto se añade la voz persistente en el fondo de la mente de muchas personas diciéndoles que no pueden confiar en sí mismos con este conocimiento y habilidad. “¿Qué pasa si me enfado y hago algo me arrepiento?”. “¿Qué pasa si no soy lo suficientemente bueno para controlar mi técnica y lesionar a alguien sin querer?”. “¿Qué pasa si me gusta mucho ser poderoso y me convierto en un matón?”. La gente tiene todo tipo de preocupaciones, algunas de las cuales parecen bastante tontas. Hasta que has estado en un dojo el tiempo suficiente como para ver a unas cuantas personas tomar el mal camino. En ese momento sus preocupaciones no parecen tan tontas.

No confiar en que el profesor sea capaz de manejar lo que el estudiante hace es un obstáculo mucho más fácil de superar que no confiar en uno mismo. Después de unas cuantas rondas con el maestro diciéndote “Golpéame” el alumno finalmente decide que bueno, él realmente lo quiere, por lo que es cosa suya si se lastima. El estudiante trata de golpear al maestro y descubre que el profesor no está en el punto al que golpea. Peor aún, o mejor, el profesor ha contraatacado de alguna manera que sería muy desagradable si no tuviese tan buen control. No hace falta hacer muchas repeticiones de este tipo antes de que el estudiante comienza a confiar en que el profesor puede hacer lo que él dice y mantenerse a salvo.

(continua sigue en la siguiente entrada)

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